Verde que te quiero verde

Hacía mucho que no compartía con vosotros un relato, y este lo escribí hace cerca de 4 años, pero lo he recuperado al navegar por los archivos del ordenador. Poco os puedo contar del contexto, y he decidido no modificarlo, para que disfrutéis de esta pequeña historia en su estado puro.

Ese poema que mi abuelo siempre susurra cuando me acompaña al parque, en esas tardes en las que el colegio no es suficiente para que mis padres tengan tiempo de venir a recogerme. La primera vez no quise ir con él, no quería marcharme, solo ir a casa. Pero después todo cambió. Un gran monstruo azul vino a por nosotros, y nos metimos dentro, y mientras mi abuelo tarareaba la poesía para el cuello de su camisa abotonada, yo podía mirar a través de las tripas del gigante y ver a la gente de fuera. Pronto comprendí que aunque el gigante no hiciese ruido al moverse, allá fuera había otro mundo, de colores, sonidos y olores. Un mundo todavía más grande que el monstruo, por el que todas las personas se movían libremente. Pero es un mundo demasiado grande para mí todavía, eso me dijo el abuelo cuando le pregunté, y por eso el gran monstruo azul puede llevarme a otros lugares para gente pequeñita. Y ese lugar fue el parque más asombroso que nunca había visto, y allí nos lleva cada día el monstruo azul al que ya puedo llamar amigo autobús.

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