Identidad digital

Llevo un tiempo queriendo plasmar mis pensamientos sobre este tema, pero por unas cosas y por otras siempre lo he dejado para más tarde.

Así que vamos a ello, sin ponerlo bonito ni enrollarme, creo que la mayoría de las personas no somos conscientes del poder que las redes sociales ejercen sobre nosotros, la información que compartimos en ellas y en otras aplicaciones, y la imagen que damos a través de ellas.

No voy a predicar sobre el buen uso de nuestros datos en internet y nuestras responsabilidad, solo quiero compartir con vosotros mi viaje digital desde sus inicios hasta ahora.

2011 fue el año en el que me uní a Twitter y posiblemente ya llevaba un par de años en Tuenti. Mi inicio en este mundillo fue bastante tardío, con casi 14 años.

A partir de este momento las redes sociales, blogs y foros eran una forma más de comunicarme con los demás. Literalmente Twitter era un diario de todo lo que me pasaba, con una media de 10 tuits diarios. Facebook lo usaba cuando me apetecía escribir cosas más largas y Tuenti para las fotos.

2016 fue un año crucial, terminé la carrera y empecé un Máster en Tecnologías Educativas a la par del blog que estáis leyendo. Hasta este momento todo seguía igual en mis redes sociales, pero algo hizo click en mi cabeza. Tuenti ya había desaparecido por aquel entonces, limpie las fotos de Facebook, los contactos, profesionalicé LinkedIn y dejé de usar Twitter de forma compulsiva.

En los años siguientes percibí un gran cambio en mí, ya no sentía la necesidad de estar conectada 24/7, no había perdido a mis amigos a pesar de haber reducido el uso de las redes sociales y los pensamientos y personas tóxicas empezaron a desaparecer.

2020 de nuevo un gran cambio tuvo lugar en mi vida, nuevo trabajo, nuevas personas y con ello quise volver a poner orden en mis redes. Borre Instagram de mi móvil antes de desarrollar una obsesión como con Twitter. Eliminé muchos de esos registros diarios de Twitter y si no me quito Facebook es porque es la única vía que tengo para mantener el contacto con personas que admiro mucho, pero también volví a limpiar muchas de las fotos.

Todo esto no elimina mi huella digital, pero lo primero de todo me produce una gran sensación de calma y tranquilidad. Lo siguiente es que me ayuda a darle forma a la identidad digital que quiero tener ahora, que no es la misma de 2016 ni mucho menos 2011. Igual que le damos forma a nuestra imagen con la ropa y el lenguaje corporal, la imagen digital también debe cuidarse y no convertirse en nuestro peor enemigo.

Os invito a todos a aprovechar el verano para desconectar y replantearos aunque solo sea un poquito vuestra imagen digital.

¡Feliz verano a todos!

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