Un libro, una vida

En los últimos años tengo la sensación de que las bibliotecas escolares están cayendo en decadencia mientras las públicas y municipales experimentan una reinvención, un cambio hacia las puertas abiertas, hacia nuevos espacios. Y me da pena entrar a colegios en los que la biblioteca es una clase más, o una sala de reuniones, o un rincón del aula en el que se apilan libros de segunda mano, un lugar olvidado en el que los niños apenas invierten unas horas al año.

Puede que toda esta sensación no sea más que la nostalgia de haber pasado gran parte de mi infancia en una biblioteca, y ver cuánto han cambiado las cosas ahora. Pero siempre defenderé que, leyendo un libro, vivirás una vida más que la propia, experimentarás la magia que envuelve a las palabras, viajarás hasta mundo imposibles…

Para la UNESCO la biblioteca proporciona acceso al conocimiento, la información y las obras de creación gracias a una serie de recursos y servicios y está a disposición de todos los miembros de la comunidad por igual, sean cuales fueren su raza, nacionalidad, edad, sexo, religión, idioma, discapacidad, condición económica, laboral y nivel de instrucción.

Para mí, la biblioteca perfecta es aquella en la que poder relajarse y encontrar tesoros en cada uno de sus estantes. Ahora es el momento en el que internet permite acceder a muchísimos más recursos que antes: libros digitales, música, películas, series… todo está al alcance de una pantalla, que combinada con los volúmenes y cds crean un paraíso cultural para todo aquel que se detenga un rato.

Y los niños también lo pueden disfrutar, con materiales adecuados y pensados para ellos: libros en 3D, interactivos, adaptaciones… Desde la biblioteca podemos educar a los niños en un consumo responsable y crítico de la cultura, permitirles acceder a contenidos y conocimientos, y voy un paso más allá, se podría incluso crear espacios para los videojuegos. Dejad a un niño jugando a Minecraft, con una guía de Minecraft al lado, y comprobaréis si quiere leer o no. Hay que buscar el interés del niño para que quiera hacer algo, incluido leer. Porque todos hemos experimentado de primera mano que leer por obligación provoca un rechazo hacia la lectura.

Así que, reinventemos las bibliotecas, convirtámoslas en lugares accesibles y atractivos para todos, espacios en los que reunirnos, compartir, descubrir y crecer.

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