Un CRA para gobernarlos a todos

En una comarca muy muy lejana de la ciudad de Madrid, de cuyo nombre no quiero acordarme, atravesando campos de olivos y caminos que rozan el horizonte, encontramos ese rincón utópico de la educación en el que los niños disfrutan de ir al colegio, incluso en fin de semana.

No es solo un colegio, no es un centro escolar, son varios, pero también son algo más, son una comunidad, abierta a sus ciudadanos, al pueblo al que pertenecen y a las personas que viven en él. Un ejemplo de convivencia envidiable. Llegar hasta cualquiera de estos centros y encontrarse que hasta el mismísimo alcalde del pueblo se presenta para dar la bienvenida a un grupo de desconocidos, dice mucho de la implicación social del colegio en el pueblo.

En una sociedad en la que parece que la profesión de maestro está cada vez más devaluada, nos encontramos en un oasis en el que el colegio se convierte en el centro de una comunidad, en el que las familias depositan su confianza, se implican y participan en la educación de sus hijos. Los maestros han sido capaces de hacer cruzar el umbral del colegio a las familias para algo más que una reunión. ¿Y cómo lo han hecho? No, no han organizado un mercadillo de material gratis ni una función escolar. Mucho antes de eso, desde el día a día, en el aula, han abierto las puertas para que la gente de fuera pueda participar en lo que hacen.

Pero  claro, esto es una locura, seguro que es un descontrol en el que los niños no aprenden nada, seguro que al principio iba todo el mundo y luego dejaron de ir… seguro que no has ido a visitar el centro si estás pensando todo esto, porque es una realidad. ¿Y cómo han convertido el sueño de todo maestro en realidad? Apostando por las personas, por un trato entre iguales que fomenta la comunicación y diluye la jerarquía vertical habitual de los centros, dando alas a la creatividad de cada uno, sea o no parte del colegio.

Hablando un poco más en concreto de algunos métodos que podemos encontrar en estos centros, y que sin duda propician su situación actual, encontramos los grupos interactivos: momentos de trabajo en el que personas externas del centro (familiares, amigos…) acuden al colegio para apoyar a los alumnos. De esta forma, el conocimiento que cada individuo tiene, sea niño o adulto, se comparte y multiplica.

Siguiendo esta misma línea de crecimiento y desarrollo personal, y trasladándonos a un plano en el que también se trabaja la inteligencia emocional, nos encontramos con técnicas como las tertulias dialógicas, con las que no solo trabajan la comprensión lectora de los niños mediantes grandes clásicos (como El Principito o El Quijote), sino que también les invitan a reflexionar sobre sí mismos, sus sentimientos y los de los demás.

Y no hace falta que releáis el artículo buscando alguna alusión a la innovación tecnología, porque lo he dejado para el final por ser lo menos importante. Estamos en un momento de boom tecnológico educativo, en el que todo parece poder arreglarse con tabletas o pizarras digitales en el aula, y dejamos de lado el trato social del que tanto se necesita. En estos centros, la tecnología no es un parche para mejorar la educación, es una herramienta más para compartir conocimiento y aprender.

Después de todo esto puede seguir pareciendo demasiado idílico, pero como dijo Walt Disney “todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos la valentía de perseguirlos”. Cuando toda una comunidad comparte un mismo sueño, el objetivo de una educación de calidad, se convierte en posible y se hace realidad. ¿Nos atrevemos a perseguir sueños… hasta el infinito y más allá?

Captura
http://www.educa2.madrid.org/web/tecnorurales/carta-de-servicios

3 comentarios en “Un CRA para gobernarlos a todos

  1. Que bueno Leti!!!… me alegro que hayas dado el paso de hacer tu propio blog. Es un proceso costoso, porque exige mucha disciplina, pero es fantástico. Tu tienes esa disciplina y Creatividad más que de sobra para alimentarlo de reflexiones, DIBUJOS… jajajaja e historias. Ya tienes tu primer seguidor incondicional.

    Un besazo y enhorabuena

    Víctor.

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  2. Pingback: Aprendiendo a desaprender | El rincón de Lety

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